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Vuelo Navideño

Por: Alejandro Pérez Rayón.

Fotos: Gustavo Montalvo


6:15am, el despertador suena demasiado tarde, yo, totalmente emocionado, ya llevo despierto una media hora.

Me visto en la oscuridad tratando de no hacer ruido para evitar despertar al bebe. Con un beso a mi esposa y otro a mi hijo me despido.

Paso por la cocina y me tomo un vaso de agua, salgo al exterior y la temperatura de la mañana me golpea, “Caray, si aquí hace frío ¡¡¡me imagino como va a estar allá arriba!!!”.

Media hora mas tarde, y orgulloso de mi puntualidad, llego al lugar habitual de encuentro en la Condesa, ya me espera Gustavo Montalvo y solo faltan por llegar Leonardo Torres y Pablo Disanti. La anticipación es evidente y se nos nota en la cara, y el cuerpo, nervioso, no deja de moverse.

Quince minutos después llegan los dos miembros faltantes a la cita. Casi sin decir palabra nos subimos en los dos coches y partimos rumbo a nuestros volcanes. En la cajuela cargamos solamente con los parapentes y algunas botellas de agua.

La idea es volar en el nuevo lugar en Paso de Cortes que hemos estado explorando ya desde hace poco mas de un año. Sabemos que es un lugar fuerte, turbulento y con condiciones cambiantes, despegue de altura y aterrizajes técnicos en cualquier caso, pero la idea de subir volando rumbo a nuestros volcanes para lograr el ideal de aterrizar en la cumbre del Izta nos llena de energía. Quizás, y solo quizás, hoy sea el día con las condiciones adecuadas, ya veremos cuando estemos en el aire.

Hace un mes, en este mismo lugar, logramos subirnos a la convergencia que se forma sobre los valles de Paso de Cortes pero aquel día un techo de nubes demasiado bajo y la amenaza de un cúmulus nimbus sobre el Iztaccihuatl nos había hecho aterrizar mas rápido de lo que hubiéramos deseado. La turbulencia se había hecho sentir y nos había quedado bien claro la seriedad de este lugar.

Ahora, a eso de las 9:00am, tras haber dejado un coche en el aterrizaje oficial, cruzamos el reten militar sobre la carretera que sube a Paso de Cortes. Aquí los militares nos revisan el permiso que tramitamos un día antes y nos dejan pasar. 15 minutos después dejamos la camioneta a un lado de la carretera y comenzamos a caminar.

La brecha por donde vamos parece ganar altura muy lentamente, ya se empiezan a formar algunas nubecillas al oriente del Iztaccihuatl. En la vertiente oeste de ambos volcanes el viento viene del sur-este mientras en la sur-oeste viene del oeste y esto nos alienta ya que las condiciones parecen favorecer nuestra empresa.

Tras 40 minutos caminando a un paso rápido y constante, llegamos al despegue. La vista es fenomenal y podemos ver el Nevado de Toluca y el Ajusco asomando sobre la bruma en el horizonte. Las condiciones parecen buenas con algunos desprendimientos térmicos suaves ya barriendo el despegue.

Sin tardarnos demasiado extendemos las velas sobre el Pastizal y siendo el primero en estar listo, despego en mi nueva vela Trango 2 de UP. Estoy un poco nervioso porque es la tercera vez que la vuelo y aun no estoy acostumbrado a su desempeño DHV 2-3. Ya veremos que pasa en el aire, solo espero que no este tan turbulento como normalmente esta en este lugar.
Unos segundos después de despegar giro hacia la izquierda para buscar la termal de casa y ¡¡¡Bumm!!! El vario comienza a emitir pitidos que parecen, mas que un sonido intermitente, un ruido acelerado constante, las G´s me pegan al arnés por unos instantes dándome la sensación de inmovilidad. Inmediatamente, y con la adrenalina hasta la coronilla, hecho todo el cuerpo a la derecha y con tal de no salirme de esta columna de aire ascendente, cierro el giro hasta ver el wing-tip del lado derecho de mi vela a mi misma altura. Espero, con toda mi alma, que la inercia que estoy generando sobre la vela evite cualquier plegada y me mantenga centrado en la termal. Nomás de imaginarme la cizalladura a la salida, y con la falta de presión en el aire a esta altitud, me hace dar un gemido inteligible.

De reojo, y alcanzada una altura donde la turbulencia ya no es tan filosa, volteo a ver el vario y me sorprende que marca una tasa de ascenso de +5.5 m/s. Ni tiempo de calentar me dieron las condiciones y en seguida comprendo que mi deseo de condiciones mas suaves simplemente no va a suceder en esta alta presión. Pero como dicen por ahí, ya encarrerado el gato, chingó a su madre el ratón.

500 metros mas arriba, la termal, sin avisar, termina en una nubecilla bastante turbulenta.        Volteo para abajo y veo a Gus, como un parapentito rojo en miniatura, despegando mientras Leo y Pablo extienden sus velas. Es un espectáculo singular ver como a unos 20 metros del despegue la vela de Gus se reduce a la mitad en una plegada monstruosa, pero inmediatamente el parapente retoma su tamaño normal. ¡Vaya bienvenida para Gus!.

Vuelo un poco hacia el valle y comienzo a perder altura. Cuando estoy a unos 200 metros sobre el despegue regreso a la supuesta trayectoria de la termal de casa y ¡PUMM¡ ahí voy de nuevo para arriba en una termal similar a la anterior. Esta vez me lleva aun mas alto y con los lentes empañados y jadeando volteo a ver mi vario para comprobar que ahora subí hasta 4500 metros sobre el nivel del mar. ¡¡¡1000 metros sobre el despegue y mas de 1800 sobre el valle en solo algunos instantes!!!

Volteo hacia Paso de Cortes y lo siento a tiro de planeo, así que me enfilo rumbo a el y busco pasar bajo algunas nubecillas en formación. La turbulencia es mas fuerte aquí y el jadeo no cesa, las manos se me empiezan a entumir y me arrepiento de no estar usando doble capa de guantes, pero a estas alturas del vuelo ni pensar en bajar, y menos con la carreterita de nubes que se esta formando frente a mi. Hasta ahora mi parapente se ha mantenido integro sin plegadas y la altura que tengo sobre el piso me tranquiliza sabiendo que en caso de algún percance tendré amplio tiempo para solucionarlo. De reojo busco el asa del reserva.
 La cumbre del Popo aparentemente inalcanzable desde 4900 msnm.
Foto: Gustavo Montalvo J.

En lo que parece nada de tiempo ya estoy volando sobre Paso de Cortes y mi vario ya marca 4700 msnm, y ¡sin dar ni un solo giro!. Hacia el Iztaccihuatl las nubes se siguen formando y el Popocatépetl, totalmente nevado, me hace sentir pequeño con su cumbre muy por encima de mi todavía.

La convergencia que se suele formar entre el Iztaccihuatl y el Popocatépetl ahora es evidente y las puertas rumbo a la mujer dormida se abren de par en par.

Decido volar hacia el Iztaccihuatl aun con la idea de aterrizar sobre su cumbre, pero las nubes parecen no estar subiendo demasiado y el techo bajo el que vuelo no es lo suficientemente alto como para pasar sobre la montaña.

Para ahora mis manos ya son dos tabiques insensibles y por lo menos ya no me duelen. El frío en la cara es increíble pero por experiencia se que todavía no es critico. Puedo soportar un rato más.

En el afán de encontrar algo de aire menos turbulento para descansar un poco, decido volar mas hacia el oriente de la convergencia. Y para mi grata sorpresa me encuentro ganando altura mas allá del cloudbase del que me acabo de salir. El vario marca +5.8 m/s y el sentimiento de estar dejando abajo las nubes a esa velocidad es electrizante.     Extrañamente se han formado dos techos, uno al oriente y otro al poniente estando el primero unos 300 o 400 metros mas arriba que el segundo.

Lentamente la tasa de ascenso disminuye y al final alcanzo un nuevo techo, según el altímetro de mi vario, de 5050 msnm. Estoy justamente sobre los pies del Izta y me sorprende cuan chicos se ven desde aquí. Veo las rodillas del volcán un poco mas adelante y quizás a unos 100 o 200 metros mas abajo de donde estoy haciéndome dudar de la veracidad de mi vario (las rodillas del Iztaccihuatl tienen una altura entre 4900 y 5000 metros snm). Y tras de ellas un gran cúmulo en formación.

La tentación de acercarme mas a la montaña es enorme, pero la turbulencia es contundente y decido abrirme de nuevo hacia el valle sobre Paso de Cortes. Gustavo esta un par de cientos de metros abajo de mi y aun en el lado poniente de la convergencia. Lo veo cruzar hacia mi y me fascina la velocidad a la que me alcanza. Ahora la soledad de las alturas es mas evidente gracias a la referencia que hace Gus, con su “parapentito” rojo, volando entre los cúmulos en formación. En realidad es un gran espectáculo.

J. Cloud base a 5000 msnm con el Iztaccihuatl, nuestro objetivo, de fondo. Foto: Gustavo Montalvo

Juntos regresamos volando los 6 km que nos separan de Paso de Cortes. Es impresionante volar con una pared de nubes que se extienden desde unos 400 metros bajo nuestros pies hasta perderse sobre nuestras cabezas en un techo de nubes planas arrastradas por el viento. La altura se deja sentir y la escasez de oxigeno a 5000 metros, combinada con la fuerte turbulencia, es agotadora. Las manos ya no son los únicos miembros insensibles y ahora los pies empiezan a sufrir también.

Cuando estamos por llegar a Paso de Cortes vemos a Leo que se aproxima desde el cerro del despegue. Desde nuestra perspectiva se ve muy bajo, pero solo es una ilusión creada por los mas de 1200 metros que traemos sobre Paso de Cortes y los mas de 2500 sobre el valle.
La turbulencia no ha cesado y el cansancio se apodera de mis sentidos. En medio de sueños veo que Leo ya ha alcanzado nuestra altura que en esos momentos se marca en mi vario como 4800 msnm.
Me comienzo a sentir mareado y ya no siento los pies tampoco, las manos de plano han quedado rígidas y el temor de congelamiento pasa por mi cabeza. Calculo que hemos de estar a menos 15cº mas el factor viento.

Por el radio escucho a Leo proponer lanzarnos hacia el valle de Puebla, que desde esta altura se ve claramente alcanzable. Desde aquí seria un gran piano, pero....
....me escucho decir entre labios adormecidos que es 24 de diciembre y que ni modo de no pasar navidad con la familia. Así que aun con 1000 metros sobre Paso de Cortes, y ya con mas de dos horas encima de concentración total, me veo obligado a meter una espiral que al cabo de unos momentos me termina de marear completamente.

Salgo de la espiral esperando estar a menor altura pero inmediatamente mi vario comienza a sonar de nuevo y voy para arriba en una banda ascendente de  +4 m/s constantes. Así que vuelo en línea recta hasta que la termal-convergencia desaparece y meto las orejas mas grandes que mis entumecidas manos me permiten. Con los ojos pegados al vario veo que la tasa de descenso es de –2 m/s y así bajo y bajo por lo que parece una eternidad hasta estar, finalmente, a unos 150 metros del piso. Hago un par de giros para medir la deriva del viento y solo encuentro que no hay deriva.

Se que el valle donde pretendo aterrizar esta a unos 3800 msnm y me preocupa aterrizar a esta altura en un campo térmico con viento cambiante y en una vela que aun no domino, pero pues si quiero bajar tiene que ser aquí ya que definitivamente no se me antoja volver a ganar altura y meterme de nuevo en la turbulencia que ahora presiento estará mas fuerte.

Así que escojo una dirección y me hecho el volado. Por suerte aterrizo sin nada de viento (viento de cola pudiera acabar en catástrofe a esta altura) y tras un profundo flair y una corridita sobre pies totalmente dormidos, estoy de nuevo en el mundo de dos dimensiones.

Me comunico a través del radio con Gus y Leo que apenas son dos puntitos distinguibles a la altura. Solo alcanzo a comentar que estoy aterrizado y sin decir mas me ataca un dolor agudísimo en las manos. Se me están calentando de nuevo. Me tengo que arrodillar y trato de no hiperventilar pero aun así me dan nauseas y se me nubla un poco la vista. Aunque parezca raro, disfruto de este dolor por lo que representa.

Algunos minutos después levanto la vista y veo que Gus y Leo ya están mucho mas bajos y comienzan sus respectivas aproximaciones al campo de aterrizaje. Les indico la dirección del viento y les tomo algunas fotos.

Gus entra primero y aterriza perfecto, aunque un poco turbulento. Leo corre con mejor suerte y aterriza como seda.


Por radio nos comunicamos con Pablo quien nos comenta que tuvo la malísima suerte de “pianar” en el aterrizaje oficial. Afortunadamente, para nosotros tres que aterrizamos arriba, Pablo se ofrece subir para recogernos.
Ya mas tarde, y sentados frente a unas cervezas,  nos sentimos orgullosos de este vuelo. No cabe duda que el par de horas que volamos fueron de las mas demandantes que he volado hasta ahora. Mi nueva vela UP, Trango 2, se comportó a la altura en la altura y en ningún momento del vuelo me sentí en peligro. No se plegó ni siquiera el wing-tip y esto me dio un gran gusto. Me cae que estos alemanes si saben hacer equipos seguros y de “alto” rendimiento.


Y aunque no se pudo aterrizar en la cumbre del Izta pues por lo menos nos acercamos mucho a hacerlo. Ya encontraremos el día adecuado ....

Alejandro Pérez rayón

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