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Entrevista Carlos Carsolio.
Carlos Carsolio fue uno de los pilotos que protagonizó la travesía Línea de la Vida Pharmaton. La cual es la mayor hazaña jamás hecha en territorio mexicano y consistió en cruzar el continente de océano a océano a través del eje neo volcánico en vuelo libre en parapente.
Carlos es un hombre de pasión y de retos que ha aportado al vuelo libre junto con Mónica Uranga, Miguel Gutiérrez, José Maria Zarate y un eficiente equipo en tierra, más de 47 despegues nuevos para el vuelo libre en México y una hazaña histórica difícil de repetir o superar.
Este equipo se enfrentó a grandes adversidades tanto de clima como de dinero que los llevaron a conflictos internos y situaciones difíciles que al final fueron superadas y conllevaron a la formación de un gran equipo unido y solidario. La travesía, que se había planeado para dos meses, duró cuatro meses y medio debido al clima y fenomenos naturales como "el niño" que no dejaron avanzar al equipo de la forma esperada.
Se recorrieron 1070 km en 136 días de expedición a través de 8 estados en 4 meses y medio. Solo vuelo libre sin towings o motores externos y bajo un esquema de eslabonamiento de despegues que un kilometro de radio.
¿Quien es Carlos Carsolio?
Me autodefino como un amante de la vida, amo la naturaleza y lo que más me gusta es la exploración en todos los campos de la vida. Me gusta hacer todo con pasión. En la actualidad la montaña más importante en mi vida son mis hijos, tengo 5, y pues vivir con ellos y no para ellos, compartir todo juntos, vivir experiencias juntos, aprender y crecer juntos es mi meta en la vida. Pero también no puedo vivir sin otros retos.
Yo siempre he sido un hombre de montaña, desde niño mis padres son alpinistas, mi madre incluso subió embarazada al Iztazíhuatl. Fuimos 7 hermanos yo soy el mayor de ellos y desde pequeños nos sacaban al monte a enlodarnos, a acampar, a recorrer ríos cuevas, escalar, etc. y desde niño siempre me gusto mucho la escalada en roca y el espacio vertical, me dedique muchos años a ésto, a lo que es la gran pared y luego a la montaña pero de alta dificultad.
Siempre lo que busque fue innovar, cuando estaba dedicándome a la escalada en roca abrí muchas rutas nuevas en México, pues era lo que más me apasionaba y para mi era un arte, como esculpir, como hacer una nueva pieza de arte que requiere de todo un entrenamiento, aunque ahora no entreno como en aquel entonces.
Cuando ya alcance niveles mundiales en el alpinismo lo que hice principalmente fue abrir nuevas rutas en montañas más altas y paredes en diferentes partes del mundo, y siempre tuve esa espinita de la exploración, de innovar, de evolucionar una actividad y de crecer a través de ella.
La palabra que más me define o con la que me siento más identificado es pasión. Las actividades que hago me gustan que sean apasionantes o que por lo menos a mi me generen pasión. Por que cuando eso sucede desarrollas todos tus talentos, es donde más puedes crecer, si tu haces algo que no te gusta nunca vas a llegar lejos y nunca vas a estar satisfecho. Ese es mi estilo de vida, buscar caminos con corazón y lo que más me apasiona es la exploración.
¿Cómo fue que te iniciaste en el vuelo libre?
Bueno, como sabes el parapente nació como un proyecto de la NASA y ese rumor llego, por los años de los 70´s, al mundo del alpinismo. Había un grupo de alpinistas que también eran paracaidistas, de esos multideportistas que hay mucho en Chamonix y en esa zona, que practican muchos deportes de aventura, y este grupo decidió combinar sus dos pasiones y así fue como nació el parapente en Francia. Empezaron a rediseñar sus paracaídas para poder despegar de las montañas.
Cuando eso sucedió, yo me enteró de esta nueva innovación de combinar la actividad del montañismo y el paracidismo, escalando y luego bajar volando.
Esto me atrajo mucho desde el principio, pero todavía ni existían los parapentes en las tiendas, eran hechos en casa y yo añoraba con hacer eso pero no podía, no sabía como hacerlo y además estaba 100% enfocado a la escalada. Con los años el parapente llegó a las tiendas y se empezó a comercializar. Yo aunque me atraía mucho no tenía dinero ya que todo lo que ganaba lo invertía en equipo para escalar.
Finalmente el en el 87 tuve una gran suerte por que en una expedición al Himalaya, donde estábamos intentando el primer ascenso a la cara sur que era una pared virgen y muy difícil técnicamente, uno de mis compañeros en la expedición era Kurt Valde. Kurt era uno de los primeros, (en aquellos años de los 80´s), pilotos de pruebas de fábricas de parapente. Era un gran escalador un gran alpinista y era un muy buen piloto y Kurt, con quien hice una estrecha amistad en esta expedición, llevó un parapente, era un Magic 27. Con él subió a una parte de la pared y se aventó desde 6300 metros. ¡En una pared!. Fue muy impresionante verlo despegar con el parapente anclado a unos tornillos y saltar al precipicio. Fue un despegue radical en el que salió con complicaciones, pero afortunadamente el ala voló y yo quede impactado.
Yo estaba desde el campamento base viendo todo con binoculares, vi su despegue y como fue volando hasta aterrizar cerca del campamento al lado del cocinero que le tenía lista una taza de café caliente. Fue padrísimo. Y bueno ya viéndolo tan de cerca y siendo mi amigo le dije que como le podía hacer pues no tenía mucho dinero y me dijo que no me preocupara, que él me vendía su parapente muy barato por que a él se los regalaban.
Ahí me dio mi primera clase de vuelo, a 5000 metros de altura en el campamento base. Fue por vez primera que volé. Nos subíamos a una lomita nevada con el jadeo de 5000 metros y con ese aire tan tenue, despegar era complicado y más con esas alas de aquel entonces. Tenías que correr como bestia y me enseño esas técnicas de despegue tan violentas de esa época, donde el ala nunca se adelantaba y tenía que correr mucho jalando las bandas “a” y correr como desesperado hasta caer al vació. Esa fue mi clase en la que “medio aprendí” y ese parapente con mi arnés que me salió muy barato me lo traje a México.
Empecé a volar en diferentes regiones, cerros y montañas. Volé 5 veces del Popocatépetl y eran vuelos cortos en donde planeaba y no permanecía mucho tiempo en el aire. Donde si me gusto mucho y era mi lugar de entrenamiento era Tulancingo, por que ahí el viento es muy fuerte suficiente para ese tipo de alas y podías estar durante horas surfeando y pues eso me permitió a ir aprendiendo a volar mejor y por supuesto con todos los errores de la época, aunque tenía muchos amigos europeos que me daban tips para mejorar el vuelo y no fue tan autodidacta mi enseñanza.
Con los años, fue cuando empecé a tener mucho prestigio como montañista a tener muy buenos patrocinios, y en una de esas me puede comprar un mejor parapente y me compre un tandem. En tandem volamos en varios lugares con mi ex esposa Elsa Avila, e hicimos un vuelo mágico esa vez desde el Popo en una temporada de lluvias. Ese vuelo fue el más grande susto que me he llevado en mi carrera de piloto.
Despegamos del lado inferior del Popo y nos empezó a chupar una nube que nos llevo a más de 6000 metros, veíamos el cráter de abajo y yo no sabía que hacer, no traíamos ni reserva y pues por más giros que hacia la nube nos seguía chupando. Fue mera suerte que la nube nos escupiera y pudiéramos alejarnos y finalmente aterrizar. No sabes el miedo, fue mortal, pero tengo imágenes muy bonitas del cráter del popo y de las nubes. En esa época hice muchas locuras y errores.
Sabes yo veo que el parapente es muy fácil de aprender, y eso lo considero una desventaja, es tan fácil como aprender a andar en bicicleta y el hecho de saber volar no te hace un buen piloto, ya que sales a un ambiente muy complejo por que el viento es un fluido y por eso muchos novatos sienten que ya vuelan pero aprender la naturaleza, aprender las corrientes de aire, te puede costar muchos años o toda la vida, como los marinos en la mar. Yo veo eso en el vuelo y yo tuve esa fortuna de que toda la vida me dedique a conocer la naturaleza, a aprender de ella y en la montaña me dedique a instruirme mucho en climatología y vientos y entendía perfectamente todo el tema de los rotores, etc. Y todo esto me ayudo muchísimo.
Pero yo volaba muy esporádicamente porque mi dedicación era a la montaña, y me daba miedo romperme algo y echar a perder una expedición como tantos de mis amigos que se mataron o quedaron paralíticos en esa época. Yo lo veía con mucho riesgo, de hecho esos primeros años del parapente fueron muy peligrosos. No había reservas y se experimentaba mucho con las alas, nos prestaban luego alas con el borde de ataque cubierto de mosquitero o cerradas, eran prototipos experimentales. Hice muchos vuelos muy interesantes.
Mi crecimiento en si fue muy independiente de la corriente de vuelo que había en México por que la cultura de vuelo venía del ala delta, de gente que con lo que soñaba era con volar y que crecieron con el desarrollo del ala delta y luego del parapente pero yo no conocía a nadie, al único que conocía era a “El Gallo” Héctor Escalante, que fue un par de veces a Tulancingo Era muy solitario mi rollo y muy esporádico por que era un hobby lateral. Cuando me retire del alpinismo extremo decidí mudarme a mi otra pasión que era el vuelo y ahora si dedicarle todo el tiempo. Eso fue en el 98.
Me mude a Valle de Bravo para bienestar de mi familia y a sabiendas de que en Valle se volaba. Cuando saque mi parapente viejo en el aterrizaje de Santa María todos se rieron de mi. Miguel Gutiérrez y los voladores de esa época, veían ridículas mis alas. Miguel me dijo que ni se me ocurriera despegar de la Torre con mi vela por que no iba a llegar al aterrizaje. Él me propuso darme un curso y fue Alejandro Gonzáles el Pana quien me enseño de nuevo a volar. Hice muchos vuelos de cross y vole en muchos lugares ya conocidos para mi y así como empecé a volar también tuve muchos errores que tuvieron que ver con no respetar a la naturaleza y tuve tres accidentes muy serios, todos en el 99 en uno de esos tres me dañe la columna y estuve 7 meses incapacitado. Desde ahí decidí irme más lento y reservado.
¿Cómo fue que surgió la idea de Línea de la Vida?
Mira, mi ilusión en el mundo del parapente es volar en las montañas y hacer travesías y cuando empecé a conocer el mundo de la planicie también me gusto, es muy diferente al vuelo de montaña y fue cuando se me abrió otro horizonte de hacer travesías en planicie.
Yo tengo 5 hijos y tengo una empresa, tengo que trabajar y tengo varios compromisos que me impiden hacer todas las travesías que yo quisiera. Si estuviera de nuevo en los 20´s estaría haciendo en parapente muchos sueños, pero tengo que dejar muchos proyectos de lado. Soy una persona que disfruta mucho de volar solo, no me gusta volar en grupo en la única situación en la que puedo hacerlo es cuando hay una amistad en la termal, cuando no hay ningún espíritu de pique, que se da mucho en el vuelo, tratar de ser más que el otro, ganarle etc. Para mi volar es como meditar en el cielo, meditar en acción, una meditación en movimiento.
Por esa razón siempre me iba de cross solo con uno o dos amigos como el “Mandril” que iba siempre en un espíritu muy de amistad. Y cada vez me empezaron a gustar más las travesías, entonces decidí hacerlas y mi ilusión es ir a los Himalayas y a otras partes del mundo.
Uno de mis tantos sueños era atravesar México a través del Eje Neovolcánico, por que son montañas que conocí desde niño, son territorios donde acampaba donde conocí el territorio mexicano y su gente y casualmente coincidió con un proyecto que quería llevar acabo Fernando Iriarte y Miguel Gutiérrez y nos unimos.
¿Qué retos tuvieron que enfrentar para llevar a cabo Línea de la Vida, me refiero a patrocinios, tiempo, etc.?
Bueno en la montaña y más en la gran pared aprendes a ser muy realista, en la vida normal si no eres realista te frustras, en la montaña si no eres realista te matas. Y el ser muy pragmático también es muy útil en el vuelo, por que vi que la única posibilidad de cruzar el país en vuelo libre sin motor, sin usar towing era el Eje Neovolcánico. Y lo estudie durante años y fui pensando en posibilidades, pero era un plan vago. Cuando nos decidimos enserio nos metimos de fondo a los mapas y a google earth, que fue una herramienta muy útil. Físicamente yo conocía muchas de las regiones pero no todas y entonces empezamos a definir en que lugares se podría despegar. Para mi eso fue lo más difícil, lo más importante, definir los despegues. Una vez que se vio que era factible entonces fue que ya empezamos a explorar. Alejandro Gonzáles fue el que exploró la mayor parte de la ruta.
Paralelo a ésto estaba el problema del financiamiento, cosa con la que me he enfrentado toda la vida con expediciones pasadas. Siempre conseguir dinero es difícil y más en un país que no valora la exploración y la aventura. Pero afortunadamente con mi experiencia fue relativamente fácil, de hecho una de las primeras empresas con las que hablamos fue Pharmaton.
Les interesó mucho y más que interesarse quisieron la exclusiva, eso tiene ventajas y desventajas, yo nunca había vendido una exclusiva. Lo que sucede es que tienes que compartir el proyecto con el patrocinador, eres libre en el plan de vuelo pero en otras actividades no y eso complicó un poco las cosas.
¿Cuánto tiempo tardaron en hacer la preexploración de la ruta?
Tardamos 8 meses en hacer la preexploración entre viajes que hacia yo y Alejandro Gonzáles a los posibles despegues.
¿Cuántos despegues se contemplaron en un principio y cuantos se usaron al final?
En total, al inicio de la expedición, teníamos contemplados 70 despegues, pero algunos eran por rutas secundarias o rutas que finalmente no seguimos. En muchas ocasiones fuimos decidiendo la ruta y muchas veces la ruta decidió por nosotros. Entonces varias de las ramas laterales de la expedición que habíamos explorado no se usaron.
En la ruta final volamos 47 despegues nuevos, más los que ya eran conocidos por la comunidad como Chalchihuapan en Puebla y el Águila en el Popo.
¿Cómo fue el día inaugural de Línea de la Vida?
El primer día 12 de diciembre, fue muy emocionante por toda la carga que significaba para nosotros estar parados en el despegue. Fue un sitio magnifico que encontró Alejandro Gonzáles, con un muy buen acceso por terracería, había que caminar sólo un rato con un señor muy amable dueño del terreno y de la zona; bajo un calor muy fuerte y un paisaje precioso.
Ese día el camino de terracería se había roto por las lluvias. Tuvimos que caminar más tiempo acompañados por reporteros que llegaron agotados y en las últimas por el calor.
Ese primer despegue fue liberador, fue como un gran ¡¡Wow!! Por que finalmente estábamos en lo que nos gusta y no en todo el rollo de la organización. Estábamos volando y queriéndonos irnos de cross, pero por más que luchamos los tres hicimos un piano.
Eso al final fue frustrante. Luego al segundo día nuevamente todos nos fuimos al piano, al tercero lo mismo. Al cuarto día no encontramos con condiciones muy violentas y el techo muy bajo y no podíamos saltar. Estoy seguro que en otra época del año ese despegue ha de ser muy bueno, yo en lo personal lo considero el mejor despegue de playa que conozco en México. Se llama Cerro de las Ratas y está cerca de un poblado llamado San Juan de Alima, enla Sierra de Cayuca en Michoacán, casi en el borde con Colima. Es un lugar increíble.
Retomando, ese día el techo era bajo con condiciones violetas y estuvimos a punto de varios colapsos. Como el techo era bajo tuvimos que ir al ras de la selva y en cierto momento llegue al borde donde había que decidir si regresar a la playa o hacia las barrancas de abajo. Decidí rifármela ya que vi buenas condiciones hacia mi ruta, aunque si me hubiera apianado habría tardado mucho en salir de ahí.
Vole 15 km aproximadamente sin aterrizajes visibles. Todo era selva. Pero me daba mucha confianza el hecho de que toda mi vida he hecho aventura y que he sobrevivido ante la naturaleza. Íbamos muy bien equipados. Yo llevaba más de 10 litros de agua tanto para lastre como para sobrevivir, un machete, una navaja, una lámpara, un kit de sobre vivencia con alimentos y medicinas, tres sueros antiveneno, una hamaca que es muy útil para dormir en la selva por que puedes estar alejado de insectos y otros animales, una bolsa de dormir ligera, un teléfono satelital y radio. Era un equipo muy completo. Eso me daba tranquilidad por si llegaba apianarme en medio de la selva. Lo que siempre da miedo es tener un percance, por que si te llegas a romper una pierna o te perforas un pulmón con una rama o algo así, ahí sí tus posibilidades se reducen mucho.
Me fui volando con esa sensación de aventura. Dos veces me salvaron las águilas, para encontrar la termal adecuada. Finalmente Salí de la zona de riesgo y empecé a irme de cross. Fue un vuelo de 50 km maravilloso. Una vez que entre en lugares con aterrizajes ya podía ir termaleando con más calma y trasladándome y me fue también en ese vuelo que pase dos de los siguientes despegues que teníamos en la ruta y seguí volando. Por ambicioso quise eslabonar un tercero y hasta el cuarto pero no lo logre y ahí fue mi primera mala decisión. Debí irme hacia Agua de la Virgen y hubiera hecho un buen eslabonamiento. Siempre uno comete errores en el parapente y siempre te ganan las condiciones. Ver nota 2006.12.15 “Exitosa Jornada para el equipo Pharmaton, se logran eslabonar tres despegues” http://www.lineadelavida.com
De los 8 estados que recorrieron, ¿Cuáles fueron las experiencias más profundas que viviste?, ¿qué te gusto más?
Yo conozco la cultura del pobre rural mexicano, gracias a mis expediciones y aventuras he convivido mucho con ellos. Sin embargo, nunca lo había conocido tan profundamente como en esta travesía, por los lugares tan remotos a los que llegamos. La impresión más duradera que tengo de toda la travesía es la gente mexicana. Lo hospitalarios que son, gente de monte que no tiene nada y te dan todo, lo sorprendidos que estaban cuando aterrizábamos en sus cerros. Para mi eso fue la experiencia paralelamente más profunda. La otra fue la del vuelo, la del paisaje.
Nos atascamos de paisajes, desde Selvas, hasta planicies semidesérticas y montañas nevadas. Fue muy bonito. Cada estado y momento tuvo lo suyo. Creo que el más completo en lo que se refiere al vuelo es Michoacán, fue el más largo de recorrer.
El que más me gusto fue Veracruz. Fue un gran reto la parte de Veracruz combinado con paisajes muy bonitos.
¿Qué paso con el proyecto de la travesía se sobrevolar y visitar zonas arqueologías y comunidades indígenas?
Ese fue un proyecto paralelo que se cancelo, había en el presupuesto original tres proyectos dentro de la travesía. Uno era llevar un camarógrafo profesional en un trike para que nos fuera filmando. El otro era volar a gente de la comunidad, llevar más pilotos tandem y volar a todo aquel que lo quisiera. El último era aterrizar en zonas arqueologías y fotografiar esas zonas y había un cuarto proyecto que era ir regando unas cápsulas con semillas de árbol llenas de nutrientes que no germinan hasta que el agua disuelve la cápsula. Sin embargo en el momento en que el presupuesto no fue el programado, descartamos estos planes.
Además tomamos conciencia de todos los riesgos ya que muchos despegues no eran para aptos para todo público y las zonas arqueológicas nos sacaban mucho de nuestra ruta.
¿Cuáles fueron los despegues más difíciles a los que se enfrentaron y en contraparte los mejores de la travesía?
Para mí que soy muy precavido y conciente en los despegues, ya que considero que es la parte más peligrosa del vuelo y donde suceden accidentes, todos los despegues fueron complicados. A diferencia de Chema que es joven y tiene ese arrojo de la juventud, yo me la pensaba mucho para despegar.
En mi opinión los más difíciles y complejos fueron los de la zona semidesértica que hay entre los estados de Puebla y Tlaxcala. Toda la zona de las lagunas de Alchichica. Todos esos despegues fueron muy radicales por que las condiciones de viento son muy violentas, siempre está lleno de remolinos y de dust devils. Fue la parte más riesgosa.
De los mejores, el de Michoacán en San Juan de Alima puede ser un clásico en el vuelo aunque se requiere experiencia. El Manzano que está entre Tamazula y Manzamitla es precioso, puedes despegar para todos lados y se pueden hacer unos cross muy interesantes. Paredones en Cotija tiene unos paisajes increíbles aunque es una zona riesgosa por el narco. El volcán de Paricutín es también muy bueno.
El mejor de todos en toda la travesía fue el despegue de Cuahutemoc que está al norte de Alto Lucero, es un sitio donde se pueden volar tandems y hasta hacer competencias, tiene buen desnivel, buenos pianos y tiene muchas posibilidades de cross, aunado a que todo indica, se puede volar casi siempre como tipo Fortín.
¿Cuál fue el momento más difícil de la travesía?
El eslabonamiento del Popo y cruzar toda la sección de semidesierto de Alchichica fueron los más difíciles técnicamente. Pero la zona de Veracruz nos sorprendió, por que todos los despegues que teníamos contemplados aprovechan vientos del norte y todos miraban al norte y por las condiciones meteorologías que tuvimos, nunca pudimos usarlos. El final de la travesía estuvo lleno de incertidumbre por que ningún despegue funcionaba. Tuvimos que volver a explorar la zona para encontrar despegues funcionales para esta última parte del trayecto. Siempre en toda la ruta, aparte de la preexploración que se hizo, se exploraron rutas alternas y nuevos despegues pero la parte de Veracruz tuvimos que reexplorarla toda.
Aquí paso lo que les pasa a los escritores, cuando un escritor está escribiendo una novela de ficción, ellos dicen que la historia te lleva a caminos insospechados y que no es el escritor el que decide, sino que son los personajes y la historia los que lo llevan.
A nosotros nos paso algo similar. La ruta nos llevo y decidió por nosotros en toda la parte final de Veracruz. Encontramos varios despegues por la zona de Naolinco y hacia el oeste y así encontramos Cuahutemoc. Ese despegue fue clave para eslabonar tanto para atrás como adelante, fue ahora si que una bendición encontrarlo por que ya estábamos muy cerca del final y el dinero se acababa.
Hubo vuelos impresionantes durante la travesía como el vuelo de 109 km que hiciste desde Tixcatitlan a Astillero, ¿qué nos puedes contar al respecto?
Al llegar a Tixca inicie mi vuelo muy bajo, estuve a punto de apianarme dos veces pero llego un momento en que tome altura y empecé irme hacia Ixtapan de la sal. Ese día había vientos cruzados, por lo que las convergencias eran muy útiles pero muy turbulentas. Pero cuando logre eslabonar Ixtapan fue padrísimo. Llegue para pegarme a la ladera y nuevamente una térmica me levantó y otra vez fui a base de nube, y me fui volando bajo la base sobre Tenancingo y llegue al despegue del cerro de la Malinche y ahí también llegue rascando, estaba casi apianando pero volví a subir para llegar a la punta del cerro y ahí encontré otra que fue la mejor del día y me puso sobre las nubes, me metí en ellas y salí a muchísima altura. Me dirigí a Chalma y ahí ya me empecé a preocupar por que ese día empezó a cargarse el cielo. Estuve apunto de irme a aterrizar cuando unos zopilotes me marcaron una termal muy buena y llegue de nuevo a base de nube y ahí me di cuenta que podía llegar a los valles de Cuernavaca que estaban limpios, pero vi que empezaron a precipitarse algunas nubes atrás. Me dirigí hacía el Totoc cosa que me alegro mucho por que en esa zona había despegues para eslabonar.
Tenía mucha altura para llegar a Tepoztlan y me dirigí hacia Cuernavaca pero fui perdiendo mucha altura, ya no encontré nuevas termales y empecé a bajar. En cierto momento pensé que iba a aterrizar en Cuernavaca que no hay aterrizajes por que está muy urbanizada, pero me dirigí a la Universidad donde se puede aterrizar y justo en la rectoría me pego una termal buenísima y otra vez me fui a la base de la nube, lo que me ayudo a cruzar la ciudad y llegar a Tepoztlan. Fue increíble.
En Tepoztlan cometí el error del día. Pensé que había más desarrollos cuando no los había y me dio miedo que me chupara una nube, quizá si hubiera subido más hubiera llegado al Popo. Ya todo era restitución y me fui acercando a unos despegues cerca de Cuautla. Finalmente no encontré nada y entonces me fui a aterrizar.
Volé 5 horas y media en total y fue espectacular. Ver 2007.02.07 “Día triunfal para pilotos, se logran dos vuelos excepciónales”. http://www.lineadelavida.com
¿Ese es el vuelo más memorable que hiciste en al travesía?
El que saco lagrimas a todos fue el vuelo del Popocatépetl. Fue la liberación después de tantos días de estar estancados en ese punto. De vuelo el de Tixcla fue muy bueno. Y Tuvo otros dos en el despegue de Cuahutemoc. Uno de Cuahutemoc a Naolinco y otro en el que me quede a 17 km de la playa donde tuve mi accidente.
¿Podrías explicarnos el sistema del la travesía en lo que refiere a los eslabonamientos?
Nosotros teníamos una meta interna que era eslabonar los tracks de vuelo, es decir que desde el lugar donde aterrizábamos teníamos que o volar de reversa desde ese sitio o bien repetir el vuelo hasta juntar los tracks y que quedara una línea continua vista en 2da dimensión. Los limites que establecimos fue de un radio de 1 Km. como mínimo y 4 Km. como máximo. Afortunadamente la mayoría de los despegues fueron en el primer rango., solo 4 o 5 los dejamos en le rango de 4 km. Dejamos solo una parte sin volar que fue en la zona de Cofre de Perote de unos 19 km.
En ese formato es la travesía más estricta que se haya hecho, a veces por unos tramos de 5 Km., tuvimos que repetir muchas veces el mismo vuelo. Muchas de las travesías en los Alpes subes unos tramos y otros subes en teleférico y dejas tramos de hasta 10 km y aquí quisimos ser más estrictos.
¿Cual fue el papel del equipo en tierra que los acompaño durante toda la travesía y cómo se organizaban?
Una de las más grandes satisfacciones que surgieron en la travesía fueron las amistades e integración del equipo final que sobrevivió a todas las carencias y broncas.
En la cuestión de la organización, tuvimos pocos campamentos y en cada uno la idea era dejar todo en la base y ya irnos moviéndonos en los diferentes despegues. Hasta que cambiábamos de zona cambiábamos de campamento, en el cual se quedaba el Chef para preparar todo y cuidar.
Los demás subíamos a los despegues en la camioneta hasta donde se pudiera y caminábamos lo que se tuviera que caminar. Una vez arriba, cuando despegábamos, o antes de despegar ya el equipo de transporte estaba en marcha para estar coordinados con nosotros.
Miguel Ángel tiene mucha experiencia en recogidas, también Chema, Alejandro Gonzáles ni se diga. Era impresionante como a veces estaban ahí antes de que aterrizáramos. Fueron muy buenos y una parte fundamental de toda la travesía ya que nosotros teníamos la tranquilidad de concentrarnos en el vuelo sin preocuparnos de nada.
¿La convivencia entre todos ustedes como era?
Muy buena, al principio nos llevamos muy bien, sin embargo hubo momentos difíciles en la travesía entre clima y dinero que crearon tensiones y conflictos que llevaron a una ruptura entre el primer fotógrafo y la escritora del equipo. Esto fue por que todo se fue atrasando y había mucha presión por el tiempo ya que íbamos muy atrasados (de dos meses de travesía programada, llevábamos dos meses y medio he íbamos en la mitad) además de los riesgos que corrimos y las situaciones difíciles.
Después, en la parte final de la expedición, el equipo que se conformó fue sumamente unido. El nuevo fotógrafo Irving era súper jalador, manejaba sin broncas, cargaba mochilas. Al chef le cambio la vida la expedición, como a todos. Él no era una persona de aventura y termino siendo un aventurero. Nos acompañaba hasta arriba de los despegues y se echaba las caminatas de 2 horas ayudándonos a cargar, descendiendo en las granizadas. Todos nos complementamos y nos unimos muchísimo. Nos reíamos mucho y nos divertíamos aún en los momentos difíciles.
¿Como viviste el día final de la travesía?
Los últimos días de la travesía fueron de mucha tensión, por que ya se aproximaba la temporada de lluvias y teníamos que terminar. Impusimos una fecha que fue 1ro de mayo. Así que había mucha presión por lograr los vuelos necesarios para terminar.
Aquí fue vital el apoyo del Gobierno del Estado de Veracruz que nos apoyo con hospedaje y comidas durante esta parte final de la travesía. Fue muy reconfortante para nosotros, después de un día entero de buscar y caminar, regresar y hospedarnos en el hotel y disfrutar del puerto.
El último tramo del eje neovolcánico, de acuerdo a los geólogos son los volcanes de los Atlixcos, son los últimos de todo el eje. Es un lugar bonito con vacas y pastos verdes. Ese último día fuimos ahí cabizbajos, frustrados por los días que no habíamos volado y no teníamos muchas esperanzas.
Se estaba haciendo tarde cuando Chema se ofreció de wing dommy para ver si pasaba algo. Pero por más que le rasco se apiano.
Miguel espero otro rato y despegó y con su maestría y habilidad que tiene para gasear termales muy finas, logró salir. Se aferró y se fue a base de nube. ¡Fue padrísimo!, se fue yendo para atrás y en cierto momento nos comunicó con radio que ya había eslabonado un tramo faltante. Fue muy emocionante por que al menos ya teníamos eslabonado hasta los 6 km de la playa.
Finalmente yo despegue y empecé a apianar. Yo pensado “No puede ser” pero finalmente encontré algo y empecé a subir y bajar y así me la pase luchando en un techo bajo. Fue muy desesperante. Estuve un buen rato buscando la forma de subir y finalmente cuando tome algo de altura me lance pero no hacía la costa, sino hacía un lado buscando una convergencia pero no la encontré y empecé a apianarme de nuevo y me dije “voy a avanzar a la playa aunque sea unos metros” y en eso ya estaba pensando hasta donde aterrizar cuando vi unos halcones. Me dirigí hacia ellos y ¡Pum!, ahí estaba la termal. Fue una convergencia turbulenta que me llevo a base de nube, me le metí a ésta y fui avanzando lo más que pude pero ya tenía el viento muy de frente y avanzaba muy lento. Llego un momento en le que no avanzaba de tan fuerte que estaba y aunque estaba muy alto, con unos 800 metros empecé a bajar y atravesé una laguna y aterrice.
No fue en la playa que era el sueño pero estaba dentro del rango de 1 km y estaba eslabonado. Había terminado.
Cuando vi en mi GPS cuando iba a aterrizando que ya estaba eslabonado, empecé a emocionarme mucho. Cuando aterrice lloré. Luego luego les hable por el radio y les dije “game over” y todos empezaron a gritar de alegría.
Fue increíble que ese día que habíamos puesto como terminada la travesía la termináramos. Yo, mientras esperaba a Mónica e Irving que llegaran por mi, estaba solo en medio de un campo y era tanta mi emoción que no me di cuanta que mi parapente se estaba llenado de unas pequeñas garrapatas llamadas piloncillos y yo me llene de ellos también. Tuve que colgar todo en una alambrada y recoger todo.
Cuando llegaron fuimos a playa a reunirnos todos en un pequeño restaurante para festejar y luego nos metimos al mar. Ahí si fue un lloradero, era el relax total, el éxito. La sensación del triunfo cuando te ha costado tanto trabajo algo es una de las mejores conmociones de la vida. Estuvimos chapoteando un buen rato en el mar jugando y brincando. Por ese tipo de cosas es que vale la pena esforzarse tanto.
¿Qué te dejo Línea de la vida?
En el vuelo, descubrí que nunca dejas de aprender, siempre cada vuelo, te enseña algo mágico. Imagínate 4 meses y medio volando diario que no aprendes.
Me dio muchas sorpresas y regalos de la naturaleza, muchas lecciones de respeto al clima y al viento y muchas camaradería, amistades y buenos recuerdos.
Visita la página oficial de la travesía

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La Ruta
Fotografías de la expedición
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