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Expedición Perú

Por: Alejandro Pérez Rayón.

¡Sí, volando en parapente a 5,300 y 5,600 m SNM y aun subiendo frente a las paredes del Rasac, Jirishanca y Jerupajá!

Anteayer finalmente desciframos cómo funcionaba la cañada de la laguna Jahuacocha y despegamos en nuestros parapentes desde un cerro aledaño a unos 4,800 m SNM. De aquí Gustavo  Montalvo se subió volando en una terma que lo cruzo al lado norte de la cañada y yo decidí explorar el lado sur de la misma cañada, cada quien sobre su cordillera y cada quien con el mismo objetivo de acercarnos lo más posible a las paredes del Jirishanca, el Toro y el Jerupajá de más de 6,000 metros de altura sobre el nivel del mar. Los cóndores altísimos eran nuestros únicos acompañantes aparte del aire enrarecido de las alturas y las benévolas termales de +2 ó +3 que se empeñaban en llevarnos cada vez más alto...
Hacía tres días desde que habíamos empezado a caminar desde un lugar llamado Pocpa rumbo a las lagunas de Jahuacocha y Solterococha, en medio de la cordillera de Huayhuash, en Perú. La idea era explorar la zona para ver si era posible volar en ella.
Lo único que sabíamos era que el viento dominante era del norte y que la zona estaba plagada de cañadas y cerros con diferencias de más de 1,200 metros. Sabíamos que un francés llamado Manu Bonte había hecho algunos descensos con un parapente de montaña desde algunos de los pasos más altos de la cordillera, pero esto no nos era suficiente y habíamos decidido lograr VOLAR aquí, o sea, hacer vuelos de permanencia sobre los 5,000 metros y algún cross, con algunas de las vistas más increíbles del planeta. Durante el primer día habíamos subido caminando desde la pampa de Palca (3,800 m SNM) rumbo a un paso llamado Mina Punta (4750 m SNM), desde donde esperábamos bajar volando del otro lado de la cordillera rumbo al campamento de la laguna Jahuacocha (4100 m SNM), que por cierto, nos habían dicho era muy hermosa.
Salimos desde Palca junto con un grupo de Shalones (israelitas) y junto con tres ingleses que pensaban hacer trekking en la zona. Pronto los dejamos atrás y dos horas más tarde habíamos llegado a Mina Punta. Encontramos que el despegue desde el paso mismo no era posible ya que la pendiente era escasa y a esta altura era imposible levantar vuelo en ella. Pero por suerte unos 300 metros más adelante había una especie de montaña aledaña que se veía mucho más prometedora.

Llegamos a una especie de casquete con buena pendiente y finalmente logramos ver las lagunas al fondo de la cañada. ¿Pues cómo describirles el azul turquesa en contraste con un verde como de campo de golf y la cordillera enorme como fondo?... ¡TENEMOS QUE VOLAR AQUÍ, POR FAVOR!

En medio de este gran poema sacamos y extendemos nuestras velas de montaña ultraligeras, finalmente volaríamos estos hermosos parapentes prototipo que UP Paragliders nos hizo el favor de fabricar para esta expedición. Filmamos un poco y nos sentamos a tomar tiempos de los ciclos en la necesidad de empezar a comprender mejor las condiciones de estas grandes montañas. Pronto vemos unas grandes aves negras con alas enormes pintadas de blanco en la parte superior y sabemos que son cóndores, quizás de 3 ó 4 metros de envergadura y volando con una tranquilidad increíble, tomando altura como si no existiera la gravedad, y declarándose los maestros de maestros del vuelo.

Esta visión me hace hervir la sangre y deseo con toda el alma volar con estas aves de la montaña, quiero ser parte de este mundo como lo son ellas y declararme animal y conquistador de mis propios instintos. Los movimientos son automáticos y mi parapente sube fácilmente hacia el cielo y corriendo me lanzo al vacío.

Pero la realidad es otra, y aunque estas aves del paraíso de las alturas siguen subiendo, yo no lo hago y comienzo un lento piano rumbo al fondo de la cañada. De todas formas me aferro para volar lo más posible y me pego a la ladera en el afán de encontrar algo de ascendencia.

Pierdo altura poco a poco y decido volar sobre la laguna de Jahuacocha y tomar algo de video desde aquí. La necesidad de compartir esto con el resto del mundo es enorme y la cámara de video hace lo suyo durante algunos breves segundos, hasta que tengo que dedicarme a checar la dirección del viento y escoger algún aterrizaje en las pampas de Jahuacocha. Por suerte el oleaje en la laguna es contundente y decido aterrizar en dirección oeste. Con un leve toque pongo pie en la tierra y lo único que pasa por mi mente es que el vuelo del día siguiente deberá durar más. A los 10 minutos de haber aterrizado y con el radio en la mano, Gustavo me informa que los ciclos han acabado y que no ha podido despegar. El viento comienza a aumentar y un campesino del lugar me dice que generalmente entra mucho viento a partir de las 2:00 PM. Este campesino, que ahora sé que se llama Carlos, me dice que es arriero (que tiene mulas y caballos), y que si queremos, él nos puede ayudar a subir nuestros parapentes a los lugares desde donde queramos despegar. Me parece excelente la idea.

Tras doblar la vela me siento a esperar a que las condiciones bajen para que Gustavo pueda despegar. Por el radio mantenemos la comunicación, y así nos enteramos que aunque en las cumbres de las montañas no hay demasiado viento, en el fondo del valle corren rachas de hasta 30-35 km/hr. Esto nos será de gran utilidad en los días siguientes de exploración.

Mientras bajan las condiciones, mi nuevo amigo, Carlos, me invita a pescar trucha en la laguna. En seguida se me ocurre que el recibir a Gustavo con un par de truchas para la cena puede ser excelente y extraordinario, así que con un par de hilos y cañas de madera nos vamos caminando rodeando la laguna de Jahuacocha rumbo a donde Carlos sabe que se pesca mejor.

La suerte es buena y dos hermosas truchas arcoiris pican. El viento aminora y Gustavo despega para aterrizar algunos minutos más tarde en la pampa, ¡justo donde pensamos acampar! Carlos y yo nos apuramos a regresar, y Gustavo se deshace en sonrisas al ver las truchas y al abrazarnos felicitándonos no sólo haber hecho nuestro primer vuelo aquí, sino también por el gran lugar que hemos encontrado para explorar.
Carlos nos invita a su casita de piedra, madera y paja para cenar, y ahí conocemos a su esposa Deyfilia quien tiene EL toque para la cocina y nos prepara las Truchas a la Jahuacocha con papas silvestres del lugar. Agotados, y con el estómago lleno, extendemos nuestras bolsas de dormir en el pasto y dormimos el sueño del hombre satisfecho bajo el cielo blanco de estrellas.

La luz del amanecer me despierta y en seguida comienzo a ver de donde será el despegue de hoy. Quiero volar más tiempo que el día de ayer y definitivamente quiero filmar más que ayer.
 La cámara toma imágenes del amanecer, y a las 7:30 ya estamos en camino rumbo a un cerro llamado Huacrish. Este cerro tiene una cara perpendicular al Noreste y es el lugar más obvio para despegar por la mañana. Con una altura que supera los 4,700 m SNM, tendremos más de 600 metros de desnivel que esperamos nos regalen con actividad térmica suficiente como para ir más allá de la cumbre.

Cargamos una mula con los parapentes y con algo de agua y comenzamos a subir. En una hora y veinte minutos las condiciones ya parecen buenas con ciclos de 1 minuto de calma por uno de actividad térmica, que nos da vientos como de 15 km/hr. Decidimos despegar.

La cumbre del Huacrish aun está unos 70 metros más arriba pero las ansias nos consumen y no queremos perder la ventana para despegar. Extendemos las velas y salgo a volar primero. Unos pájaros vuelan abajo y espero la terma que me suba más arriba, pero lo único que llega es suficiente lift como para mantenerme en ceros y cuando este acaba me lanzo al cerro de enfrente.

Este cerro ya está soleado en su cara este, pero aun no calienta lo suficiente como para darme más altura. Me acerco lo mas posible a las faldas del cerro y sin vario (con tal de ahorrar peso, dejé el mío en Huaraz) encuentro realmente difícil decir si estoy ganando altura o no. De todas formas logro “sorear” en ceros hasta el otro lado de la laguna de Jahuacocha para asomarme tras la última morrena para ver la laguna de Solterococha con sus grandes paredes de roca y hielo que nacen desde las cumbres del Jirishanca, Toro y Jerupaja unos 2,000 metros más arriba. Chiquito es la palabra de cómo me hacen sentir estas enormes paredes blanquinegras.

No hay demasiado tiempo para pensar ya que me tengo que concentrar en aterrizar por este lado. La incertidumbre de la dirección e intensidad del viento hacen que mi concentración se agudice y de nuevo aterrizo sin novedad en un delta del lado alto de la laguna de Jahuacocha. Los ojos se me llenan de lágrimas y sé que el lugar es volable, y que hasta no hacer un cross aquí, nadie será capaz de sacarme de este paraíso.
Gustavo vuela hasta la pampa más al oeste del campamento en un intento de buscar lift por ese lado, pero igual hace un piano sostenido y se regresa a aterrizar junto al campamento. Al aterrizar se comunica conmigo y de las ganas que traemos de volar decidimos volver a subir, ahora cada quien por su cuenta. Pero nada más llegar al pie de la montaña de nuevo me toma más de una hora y el viento ya empieza a subir, el delta donde aterricé está lleno de ríos profundos, y para encontrar cómo saltarlos, tengo que subir y bajar la morrena un sinfín de veces. Finalmente logro llegar a la base del cerro a subir y me siento a descansar un poco, convenciéndome cada vez más de que con las condiciones en aumento ya no me da tiempo de subir de nuevo para intentar volar otra vez. En un descuido me quedo dormido y me despierto con el ruido de pasos que se acercan. Conozco a otro chavo que se presenta como Victorino. Tras una breve conversación, me entero de que es el cuñado de Carlos y me invita a pescar de nuevo. Así que pues con el viento en aumento, no le toma mucho convencerme.

Ahora la suerte es mejor que el día anterior y de las 3:00 a las 5:30 PM logramos pescar unas 18 truchas. De la pesca me toca hacer el trabajo sucio, y mientras Victorino pesca y pesca yo me dedico a destripar las truchas y ensartarlas en un carrizo para transportarlas. Me comunico con Gustavo por el radio y me dice que está a punto de despegar. ¡INCREIBLE!

Pronto lo veo aparecer tras el cerro y veo como se dirige rumbo al oeste en un afán de explorar la parte baja del valle, pero con igual suerte que en la mañana se piana y aterriza una media hora de camino más abajo del campamento. Así que con unas 8 truchas en la mano (las otras 10 se las lleva Victorino), le digo que nos encontremos en el campamento. La cena abundante y alcanza para Gustavo, Carlos, Deyfilia y para mi hasta decir ¡basta! La expectativa, aunado a la abundante cena y al tremendo olor a pescado que emana de mi ropa, no me dan mucho sueño y me paso la noche dando vueltas y vueltas hasta que se me amarran las piernas con la bolsa de dormir y finalmente duermo un ratito hasta que amanece de nuevo

El sol sale y me doy cuenta de que hoy es pre-frente. Nubes altísimas planas y rasgadas que vienen desde el oeste, presagio de mal clima o de algún frente húmedo de la costa.
Memorias del Ama Dablam en el Himalaya recurren a mi cabeza, ya que las nubes se parecen mucho a las nubes que presagiaron nuestro intento frustrado de cumbre en medio de una tormenta. Pero los pre-frentes suelen ser también excelentes momentos para volar, y con la adrenalina por los cielos nos toma sólo una hora y veinte minutos subir los más de 800 metros de desnivel hasta la cumbre del cerro Colorado, que fue donde encontramos la mayor ascendencia en los pianos anteriores.

Y dicho y hecho, rachas de hasta 30 km/hr en lapsos de 1 minuto por 1 minuto de calma, cóndores y aves de rapiña volando más abajo y la vista acogedora desde el despegue.
Despego primero y en seguida me voy para arriba. 5,000 metros en unos instantes, y aquí espero a que Gus despegue. Entre termas bajo un poco pero nunca más abajo que el despegue. Vuelo de un lado al otro de la montaña ubicando los puntos de mayor actividad. Gus despega abajo y veo como toma altura y se pone a termalear conmigo. En un momento Gus agarra una termal constante y ancha. Me dirijo a donde está él pero sólo alcanzo la colita de su termal y veo como se aleja tomando cada vez más altura.

Ya con Gus lejos, decido hacer mi propio plan de vuelo y me propongo volar todo el largo de la cañada, hasta el extremo donde se junta con los glaciares del Jirishanca y del Jerupajá.

La altura se deja sentir, mi reloj marca 5,300 metros y la cumbre el Rasac está a mi misma altura, los glaciares muy abajo y las lagunas de Jahuacocha y Solteracocha se ven pequeñitas. El horizonte marcado con dientes de roca y cañada tras cañada hasta el infinito. Las paredes heladas del Jirishanca se sienten muy cerca, pero sé que aun estoy lejos y que sólo es una ilusión por su gran tamaño. El frío se cuela por la ropa y la atención al vuelo es total. El cansancio y la falta de oxígeno, combinados con la gran tensión de estar volando en este lugar donde la incertidumbre de alguna gran sorpresa, las termales que vienen y van, y lo pequeñas que se sienten por culpa de la gran velocidad a la que vuelan nuestras velas y la pequeñez de mi parapente frente a estas montañas y a esta altura, me hacen dar la vuelta y dirigirme de nuevo a terrenos menos inhóspitos.
En esos momentos no me "cae el veinte" de la magnitud de lo que acabo de vivir: Un lugar inexplorado, cerros de proporciones bestiales, la soledad de las alturas y el medio en el que me estoy moviendo para visitar este lugar, ¡jamás visitado por el hombre! Regreso sobre las lagunas y tras tomar de nuevo altura enfrente de Cerro Colorado, me dirijo ahora al otro extremo del valle en un afán de prolongar esta experiencia el mayor tiempo posible.

Allá abajo veo a Gustavo, que ya va en dirección para aterrizar en el campamento. Yo por mi parte regreso al cerro Huacrish, donde espero encontrar mejores condiciones que el día anterior. Pero el viento en la cañada ya ha comenzado y sólo encuentro un poco de lift dinámico que me deja surfear unas paredes de roca donde comienzo a sentir los rigores de la altura y las emociones que me han dejado agotado.
Me voy de glide hasta la base del cerro de donde despegamos una hora y media antes y tomo de nuevo altura para poder darle a Gustavo algunas tomas de mí volando con el fondo de los grandes gigantes que acabamos de acariciar con nuestras alas de libertad. Aterrizo perfectamente bien, y con la vela aun en el aire camino lo que me queda para llegar al campamento.

Definitivamente EL MEJOR VUELO DE MI VIDA.
¿La novena sinfonía de Beethoven? ¿El segundo concierto para piano de Rachmaninoff? Creo que no, esto es mucho más que eso...
 
Ahora en Huaraz estamos planeando el siguiente reto, que por muy bueno que sea, se siente sin valor frente a lo que hicimos en Huayhuash, pero en las montañas uno nunca sabe.

Al final Gustavo logró subir hasta 5,600 metros y volar a menos de 300 metros de las paredes heladas del Jirishanca. Comprobó que la cordillera paralela a la que yo volé también es volable y que es la puerta a otras cordilleras más adelante.

ULTA
 Tras regresar de Huayhuash con el corazón lleno y de descansar algunos días en Huaraz, la sangre comienza a hervir de nuevo y decidimos, en nuestro afán de encontrar lugares MARAVILLOSOS para volar, explorar la Quebrada de Ulta.
Esta Quebrada esta rodeada por cuatro grandes cumbres nevadas, al norte el Huascaran y el Chopicalqui, dos de las cumbres mas altas de Perú, al oriente por el Contrahierbas de mas de 6000 metros y al sur-oeste por el pico Ulta de gran belleza y “sólo” 5,800 metros, montaña de gran dificultad técnica para los que conozcan de cerros.
 La aventura comienza a las 6:00 am cuando tomamos un camioncito desde Huaraz que tres horas mas tarde nos deja en un paso a mas de 4800 metros llamado Punta Olímpica. Mientras mas nos acercábamos a Punta Olímpica menos probable veíamos que ese día voláramos. El cielo estaba totalmente nublado y las nubes escondían las cumbres de todas las montañas. Sólo alcanzábamos a ver la parte inferior de los glaciares y las morrenas de estos grandes gigantes.Finalmente el camioncito nos deja a un lado del camino a una altura de 4800 metros sobre el nivel del mar en un ambiente frió, lluvioso y brumoso, y aunque no hace demasiado viento las condiciones no invitan ni siquiera a pensar volar. Pero como el siguiente camioncito pasara por aquí hasta las 3:00 o 4:00 de la tarde, tenemos todo el tiempo del mundo para esperar. De todas maneras la vista es tan impresionante que el solo estar ahí ya es un vuelo en si.
 Mas de una hora de espera, y análisis, y finalmente comenzamos a entender el fenómeno climático de la zona: los picos que teníamos a nuestro alrededor estaban envueltos en una espesa nevada que hacia de barrera al viento dominante del noreste. El resultado un leve viento de unos 7 km por hora que lograba colarse por un paso entre dos montañas justo frente a nuestro emplazamiento. El resto del área eran sinks y tan solo en el fondo del valle parecía que las nubes iban para arriba en vez de para abajo. Así que buscamos un despegue con viento de frente, cosa un tanto improbable ya que el viento esta "bajando" de las montañas que tenemos enfrente y atrás. Pero como suele suceder en estos casos, encontramos una costilla de roca que parece tener un vientecillo de frente. Ahora, después del vuelo, entiendo que por esta costilla subía una ola de aire helado que era lo que producía el viento que nos dejo despegar.
Subimos caminando un tramo hasta llegar a una zona de morrena plagada piedras dispersas entre arena de deslave. Aquí extendimos las velas sobre y alrededor de las piedras y tras un despegue abortado, logro levantar el vuelo.

En seguida veo que es posible “sorear” esta pequeña costilla y comienzo a recorrerla de izquierda a derecha para “acostumbrarme” al lugar.

El estar sorfeando a mas de 4800 metros es algo que nunca había podido hacer, hace una semana había hecho un surfeo de unas rocas a unos 4500 pero nada tan “estable” (en realidad era turbulento pero con lift constante) como este lugar. Pronto la “estabilidad” se convierte en mas confianza y me aventó a alejarme del cerro hacia la entrada de la Quebrada con la mira puesta en checar las condiciones del aterrizaje. El vuelo es IMPRESIONANTE y bastante amedrentante. Las escalas son mucho mayores de lo que jamás haya sentido y todo es magnificado por las nubes que sólo dejan ver las paredes heladas sobre mi cabeza entre ventanas que rápidamente desaparecen en la bruma. Al ser un lugar que nunca antes había sido volado la sensación de desconcierto y la espera de la “gran sorpresa” mantienen mi estado en total alerta, la turbulencia que se deja sentir es fuerte y la altura en seguida hace que mis manos y pies se entumezcan por la falta de oxigeno.
 Al llegar al fondo del valle, y ya con poca altura, mi vario comienza  a hacer unos pitidos muy regulares y tranquilos, el ritmo de ascenso es muy leve y comienzo a ganar altura a razón de +1.5 metros por segundo en una termal bastante amplia. (termal con este ambiente nublado y lluvioso?). El ritmo de ascenso se mantiene así hasta llegar a cloudbase a unos 5000 metros.

El cansancio me invade poco a poco y el miedo comienza a colarse entre las rendijas de la razón. Las paredes de roca me hacen sentir encerrado por los lados y las nubes arriba parecen oprimirme contra el suelo aun cuando el valle esta a mas de 1000 metros bajo mis pies. Finalmente me gana el agotamiento y antes de sucumbir al descontrol comienzo a descender.
 No es sencillo ya que estoy intentando bajar en dentro de una ascendencia que aunque leve me impide bajar de una forma convencional. Meto una espiral amplia y lentamente noto que pierdo altura. De vez en cuando tengo que enderezar la espiral para evitar acercarme demasiado a las paredes de esta gran cañada y así evitar algún choque con las mismas.

Al final logro aterrizar en una pampa mojada y con el parapente aun sobre mi cabeza corro hacia un lugar mas seco. Ahí bajo la vela y me comunico con Gus que aun no ha despegado. Algunos minutos mas tarde lo veo salir de atrás de la morrena de donde acaba de despegar, apenas un puntito naranja contra el cielo gris y las paredes de hielo en el trasfondo. Increíble la pequeñez de su parapente en este entorno, las montañas enormes y las nubes agresivísimas en apariencia. Lentamente veo como se aleja del punto de despegue y se dirige hacia donde me encuentro yo. Logro filmarlo en toda su pequeñez con el Ulta de fondo y todo el tiempo enfocando para no perderlo de la pantalla. Sólo así me doy cuenta de las razones de mis miedos y de mi sentimiento de ser NADA en medio de este TODO. Quizás el video que he tomado ha logrado captar la inmensidad del lugar, quizás no.

El viento en el valle ha cambiado ya dos veces de dirección desde que aterrice pero nunca se ha puesto demasiado fuerte. Un fuego en la ladera de la montaña, a no mas de 300 metros de donde estoy, indica viento en el otro sentido. Esto puede implicar que la termal que sentí mas bien era producto de una convergencia encerrada entre estas grandes paredes paralelas de mas de 1000 metros de alto. Explicación de porque las nubes aquí parecían subir mientras del lado alto del valle el viento era descendente.
 Gustavo me regala un vuelo cercano a las paredes del lado del Ulta y logro unas tomas excelentes. Baja hasta donde yo estoy y aterriza sin novedad. No sé si fue por el clima, el ambiente tan inhóspito o la sensación de estar encerrado entre grandes paredes sin salida, que me han hecho sentir la HUMILDAD de lo que realmente soy.

Si puedo decir que es el vuelo mas impresionante de mi vida y también puedo decir que  el tiempo (entre 45 minutos y una hora) que pasé en el aire fue suficiente como para dejarme totalmente agotado. Aun hoy, después de haber dormido, me siento cansado y de cierta forma tocado.
 Es probable que este vuelo, así como el de la cordillera de Huayhuash, no hayan sido los mejores vuelos de mi vida en relación a distancias, tiempo de permanencia o turbulencia, pero si lo han sido por el simple hecho de lo que implica volar en un lugar donde todo es totalmente nuevo, un entorno con condiciones que jamás he visto descritas en libros ni en historias ni teorías que me hayan explicado. Pero hemos venido a volar en los lugares mas maravillosos y lo hemos hecho. Quizás sea intrancedental el haberlo hecho eh incluso ridículo decir que lo fue, pero el volar aquí ha sido la experiencia SUBLIME de la que habla mi padre y se que ese TOQUE se quedara conmigo toda la vida.

Aquí en Perú hemos encontrado las puertas abiertas para volar, y no sólo en el sentido de lo magnifico del lugar, sino tambien por la hospitalidad de la gente y las facilidades para acceder a los distintos puntos que hemos volado.

El parapente es aun un deporte en pañales por estos lugares y el potencial es como para un deporte adulto y del mayor nivel. Aquí hay lugar para aquel que lleva solo algunos saltitos en parapente hasta para aquel que busca el non-plus-ultra del vuelo en altura o distancia.
 Mañana nos vamos de aquí para volar en Paracas y relajarnos un poco a nivel del mar. Porque por lo menos yo me siento AGOTADO, pero muy satisfecho.

En esta expedición aprendimos y comprobamos varias teorías que no pasaban de ser platicas de sobremesa o pensamientos aislados. Comprobamos el efecto rodillo en cordilleras paralelas y con dirección este-oeste, y también comprobamos que el paraíso existe, pero que hay que chambearle un poquito para llegarle. Siendo los primeros en hacer vuelos de permanencia en la cordillera de Huayhuash y en la quebrada de Ulta, hemos dejado la información necesaria en Montrek, en Huaraz, para quien quiera volar de nuevo estos dos paraísos. Carlos Gamboa, oriundo de Huayhuash y nuestro ahora buen amigo, está enterado perfecto de los lugares desde donde despegamos, y con sus mulas y caballos facilita muchísimo el acceso a parapentistas a este lugar y al vuelo del mismo.

Las velas UP prototipo que traemos han resultado magníficas, y su escaso peso ha resultado esencial en lograr nuestro acometido. Ahora entendemos que el volar velas 1/2 en altura y que sean prácticamente incolapsables en rotores (porque al final, para llegar cerca del cerro, tuvimos que volar en un rotor enorme en el lado sur de la cordillera), es básico para tener la confianza de hacer lo que hicimos. Pero al final, sin la ayuda de Alas del Hombre, de quien hemos aprendido básicamente todo lo que sabemos del parapente, esto jamás hubiera sucedido. Creo que el aprender a volar despacio, pero de una manera completa, es la base para poder volar seguros y entendiendo los límites de este gran deporte. Quizás lo que hicimos parezca una locura a ojos de quien no estuvo ahí, pero la seguridad que sentimos en el aire después de días de estudio de las condiciones, fue lo que nos dejó volar más allá de la cumbre en un lugar donde el ser humano no es más que un pequeño gigante con ganas de ser parte de este gran
¡ALLYM!

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